Historia de las relaciones hispano-marroquíes

El tratado Hispano-marroquí de amistad y comercio

En resumidas lineas, así es…

Durante el siglo XVII y casi la primera mitad del siglo XVIII; poco antes del Tratado de 1767; las relaciones que unen entre los dos países España y Marruecos sufrían altibajos muy destacados.

Uno de los asuntos más conflictivos y fuente permanente de las controversias que dañaban la estabilidad diplomática y política entre ambos países lo encarna por excelencia aquellos de Melilla y Ceuta.

De modo que en el año 1694 el sultán Muley Ismael decidió enfocar su atención hacia Ceuta y realizar un cerco militar muy duro, acabado con su muerte, el hecho con el cual reaparecieron simultáneamente otras tensiones internas dentro del país.

El año 1732 Ceuta tuvo otra cita con el mismo cerco, esta vez durante el reinado del sultán Muley Abdellah pero con escaso éxito.

En general, durante esta época, las condiciones deplorables fueron las que definían el panorama geopolítico y determinan desde luego la calidad de los lazos entre España y Marruecos.

El año 1757 las circunstancias empezaban a presagiar una nueva concepción en ver la realidad de esta relación, especialmente con evento de intercambiar reclusos bajo el patronazgo del sultán Sidi Mohammed Ben Abdellah, y del rey Carlos III.

Para España, le resulta demasiado inquietante la situación de competencia comercial y política planteada por las demás potencias europeas las cuales velaban sus intereses con Marruecos. España también estaba totalmente consciente de las malas consecuencias y de los daños que pudiera llevar el hecho de no haber establecer los primeros fundamentos y las bases de un futuro acuerdo con el vecino del sur.

Y la mejor prueba de ello son las palabras del mismísimo rey Carlos III:

«la guerra con aquel imperio nos trae daños y ningún beneficio»

Carlos III.

Pero sin embargo y según los relatos históricos, el tratado de 1767 surgió fundamentalmente, por la necesidad de garantizar un equilibrio relativo entre los intereses estratégicos de cada país.

En la Corte española, Ahmed Al-Gazzal, uno de los mandatarios especialistas más destacados de Marruecos, mantuvo varias entrevistas con el secretario de Estado el marqués Grimaldi para concretar los términos de un acuerdo amistoso entre los dos reinos.

Brevemente, tras otras negociaciones y conversaciones se consiguió finalmente  firmar un borrador que subraya las cuestiones de importación-exportación, problema de la pesca y de los pescadores y el asunto de los enclaves ocupados por España.

En el 16 de junio se dio, como resultado de todas estas negociaciones, el texto final del convenio de amistad y comercio Hispano-Marroquí ratificado por el Sultán y luego enviado al rey de España.

Consecuencias del tratado:

  • Por primera vez se creó el primer consulado español en Marruecos (Larache, Tánger, Tetuán y Mogador).
  • Los lazos económicos se fortalecían cada vez más, de tal modo que España era el principal aliado para Marruecos.

La batalla de Tetuán

Situación antecedente a la guerra.

Lo más importante saber acerca de este hecho histórico es la situación anterior que contribuyó en su estallo.

La dinastía alauí llegó al poder en un período en el que parte de los territorios marroquíes ya habían sido conquistadas y ocupadas.

Muchos habían sido, también, los esfuerzos que hicieron los sultanes para que recuperen estos territorios y  expulsar de ellas al enemigo.

El reinado del Sultán Muley Ismael fue muy destacado por estos grandes períodos de lucha paralelamente con las cabilas, en un intento insistente de devolver sus territorios robados, sobre todo por parte de los españoles cuyas ambiciones expansionistas e imperialistas en aquel entonces y quienes se empeñaban en retirarse de Cauta, Melilla, los peñones…etc.  Y desde luego reconocer la soberanía de marruecos sobre éstos.

Tantos desacuerdos y tantos conflictos llevaron a los dos países a firmar el Tratado de Mequínez en 1799, el tratado de Larache en 1845, entre otros tratados destinados a reducir y disminuir aquellas tensas relaciones, con especial interés a propósito de los límites fronterizos a las que debe de conformarse la situación de Ceuta.


La guerra de África 1859-1860

Pues…

Generalmente España siempre va con la idea tal de que tenía derechos históricos y geográficos en los territorios marroquíes, una suposición justificada por su presencia pretérita y pasada en el continente africano.

La batalla de Tetuán ha sido para el ministro del congreso militar Leopoldo O’Donnell un privilegio añadido para seguir ocupando nuevas tierras y al mismo tiempo afectar en la opinión pública española haciéndole ocuparse por la cuestión de “la guerra de áfrica” en vez de ocuparse por los verdaderos problemas económicos de los que sufría España y de los escándalos de la corte real que amenazaban la estabilidad del trono.

Así y de forma intencionada, en 1845 España se fue por la ocupación de las islas Chafarinas, apoyada en cierta medida por las victorias realizadas por Francia en Marruecos, el crecimiento de las influencias y la presión ejercidos por Gran Bretaña, entre otros motivos que necesariamente le debiesen ofrecer una oportunidad para desempeñar el papel político que siempre deseaba.

La ocasión no tardó en presentarse. Siendo los ataques perpetrados por las cabilas de Anyera, en tanto que manifestación en contra de las obras de fortificación que habían emprendido los españoles en la parte exterior de las murallas de Ceuta, un buen pretexto para declarar la guerra a Marruecos.

La muerte del Sultán Muley Abderramán ha establecido para España las buenas coyunturas que posibilitaron sus aspiraciones. De tal modo, con sus discursos cargados de amenazas y de exigencias insistió en que Marruecos debe de entregar, para el castigo, los culpables de los ataques.

El nuevo Sultán, Muhammad Ibn Abderramán, se opuso contra estas reclamaciones y propuestas proponiendo, por mediación de Inglaterra,  pagar una indemnización y hasta incluso llagar a reexaminar las líneas de demarcación que determinan las fronteras con Ceuta.

El Congreso de los Diputados en Madrid, de igual modo, contestó negativamente a las peticiones del Sultán y declaró la guerra a Marruecos el 24 de Octubre de 1859.

Las tropas del ejército español empezaron a salir de Ceuta con un número extenso de soldados los cuales disponían de armas bien potentes. O’Donnell y sus soldados pudieron acometer con fuerza y progresar en todas las partes de Tetuán.

Las fuerzas marroquíes, bajo los mandatos del Jalifa Muley El-Abbas no consiguieron beneficiarse nada de los apoyos prestados por los voluntarios participantes en nombre del Yihad, ni del agotamiento que se apoderaba del ejército enemigo y de los obstáculos logísticos que tenía, ni de las fuertes lluvias que obstaculizaban el avance de las tropas y ni del brote del cólera que padecían los soldados españoles.

La ocupación de Tetuán no fue el punto final de aquella guerra, ya que Leopoldo O’Donnell propuso duras exigencias para la reconciliación. El Jalifa de nuevo volvió a luchar el 23 de marzo en Wad Ras y recibió otra derrota.

Como consecuencia…

Marruecos se vio obligado a firmar los acuerdos del Tratado de Wad Ras el 26 de abril de 1860, en el que se estipula:

  • Que Marruecos debe pagar 100 millones de pesetas como indemnización por los gastos de guerra. Y ocupar la ciudad de Tatúan hasta que se pague la suma por completo.
  • Ampliar el territorio de Ceuta llegando hasta la Sierra de Bullones y el barranco de Anyera.
  • Aumentar la extensión de Melilla y establecer las medidas necesarias para la seguridad en los peñones de Alhucemas y de Vélez.
  • Ceder un territorio alrededor de Santa Cruz De La Mar Pequeña con el fin de realizar las actividades pesqueras.
  • Garantizar para la misión católica la protección y la seguridad necesarias para proceder en todo Marruecos.
  • Liberar a los prisioneros de ambos países.

La guerra del Rif

El punto de arranque que viene para marcar los comienzos de este conflicto, sucedió a finales de febrero del año 1893 con las obras de fortificación iniciados por los soldados españoles en las cercanías del santuario Sidi  Guariach.

El hecho ha suscitado indignación y rechazo entre los cabileños debido a que el santuario Sidi Guariach, con toda su representación religiosa cargada de gran simbolismo, ocupa un lugar muy profundo entre ellos.

 Por lo tanto, intentaron al principio detener las obras de forma pacífica, destinando una petición a la reina de España en la que señalaron que si hubiera sido necesario edificar el fuerte sería mejor hacerlo en otro lugar.

Los rifeños estallaron manifestaciones y provocaron refriegas con las fuerzas de escolta. El general y comandante Margallo pidió las consultas en Madrid en cuanto a los ataques y le contestaron que actúe según lo que le parecía ser adecuado. Margallo ordenó a los albañiles con los soldados a continuar edificando aquel fuerte objeto de controversia.

Los cabileños destruyen por la noche, lo que se edifica por la mañana, también, durante tres días sostuvieron escaramuzas con el ejército español que estaba destinado a proteger las zonas fronterizas con Ceuta.

Cuando los ataques de Beni Chikar, MazuYa y Farjana se intensificaban cada vez más, los soldados se vieron obligados a retirarse y refugiarse en las antiguas murallas de la ciudad.

Margallo decidió reunir sus fuerzas a pesar de las dificultades y los problemas económicos con las que se enfrentaba España en aquel entonces, originados por los constantes golpes recibidos en su guerra contra Cuba.

Aunque en España las opiniones políticas optan por las negociaciones pacificas como medio para conseguir la paz, el comandante Margallo salió a luchar en una batalla contra los rifeños quienes dieron fin a su vida en definitiva el 28 de Octubre de 1893.

Ante la muerte de Margallo, España reaccionó con una de las formas más agresivas en una guerra bélica que duró dos días, luego se dio cuenta de que la guerra con Marruecos lleva con él una supuesta crisis internacional.

Por lo tanto se formó una embajada con el fin de negociar el tema con el Sultán al que le propusieron una serie de demandas.

 Entonces, a favor de conseguir la paz el Sultán Muley Abd-El-Aziz, tras la muerte de su hermano el Sultán Hassan I, firmó un tratado el 24 de febrero de 1895 en el que:

  • Marruecos acepta el pago de una compensación de 4 millones por las pérdidas causadas.
  • Presentar los acusados para la sanción.
  • Y Dejar a las fuerzas reales controlar los movimientos de las cabilas alrededor de Melilla.